29.Dic
2009
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El cantautor colombiano se hizo acreedor a esta distinción por sus tareas desde la Fundación Mi Sangre y por su proyecto musical de Paz Sin Fronteras.

El cantautor colombiano Juanes obtuvo el Premio Nacional de Paz de 2009 en la categoría honoraria, que se entrega por primera vez para reconocer su trabajo en favor de las víctimas del conflicto armado del país y por el entendimiento entre los pueblos, informaron los responsables de la iniciativa.

El cantante y compositor se hizo acreedor a esta distinción por sus tareas desde la Fundación Mi Sangre, creada por él, y también por su proyecto musical de Paz Sin Fronteras, mediante grandes conciertos y de los que ha celebrado dos, uno en la frontera de Colombia con Venezuela y otro en Cuba.

El reconocimiento a Juanes lo decidieron el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) , la

Fundación Fescol, la revista Semana, los diarios El Tiempo y El Colombiano, y las cadenas Caracol Radio y Caracol Televisión, creadores del Premio de Paz.

"Juanes es el artista que parece más comprometido con los problemas que el conflicto armado genera en Colombia, pero también con los que se crean por la falta de entendimiento entre los gobiernos y los pueblos" , resaltaron los promotores de la iniciativa.

El artista lo hace con su acompañamiento a los soldados heridos en combate y en campos minados, sus llamamientos a la puesta en libertad de secuestrados y con sus conciertos de Paz Sin Fronteras, señalaron los organizadores.

El Premio Nacional de Paz les fue otorgado a los habitantes de Unión Peneya, caserío del conflictivo y selvático departamento del Caquetá que en enero de 2004 fue abandonado por sus cerca de 2.000 habitantes, acosados por la guerra.

Los vecinos de la aldea lo recibirán por haberse sobrepuesto a este desplazamiento masivo, que superaron dos años más tarde, cuando regresaron al lugar.

El Premio de Paz, que llega a su undécima edición, será entregado el lunes en Bogotá.

 

 

 

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29.Dic
2009
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Con el concierto Paz sin Fronteras 2, del 20 de septiembre en La Habana, Juanes se consolidó como un activista de talla mundial.

Pudo ser un año de silencio para Juanes. Su disco La vida... es un ratico, editado en el 2007, dio todos los frutos que podía, incluido el Grammy anglo que le faltaba y que recibió a comienzos de este año. Juanes pudo haberse encerrado apreparar su siguiente álbum. En cambio, el paisa de 37 años protagonizó uno de los conciertos más importantes del 2009, no solo por su convocatoria (1 millón 150 mil cubanos), sino por su significado.

Juanes llevó a cabo Paz Sin Fronteras 2, contra viento y marea. Acostumbrado al aplauso, el artista se vio atacado por sectores influyentes de la comunidad cubana en Estados Unidos, que se indignaron ante su propuesta de hacer un concierto en la isla. Su objetivo, según dijo, era tender un puente, cambiar la mentalidad de rechazo entre cubanos de dentro y fuera de la isla.
Juanes sabía que no sería fácil. Antes de hacerla pública, consultó con líderes cubanos en Miami, como Emilio Estefan. El productor musical fue de los primeros en decirle que no lo apoyaría. Pero, cuando al fin se anunció la realización de Paz sin Fronteras 2 en la Plaza de la Revolución en La Habana, comenzaron las protestas.
 
Otros exiliados dijeron que tomaban su propuesta con el mismo tono ofendido con el que un colombiano podía protestar si ellos fueran a cantarle a la guerrilla. Juanes se defendió por todos los medios, incluido el twitter, negando que fuera lo mismo, porque él cantaría para el pueblo cubano, no para un grupo armado.

Juanes resistió, pero otras luminarias que prometieron acompañarlo (Ricky Martin, Enrique Iglesias, Luis Fonsi y Juan Luis Guerra), lo dejaron solo. Entonces, declaró que iría a Cuba así tuviera que cantar solo. A diferencia del primer Paz Sin Fronteras (en Cúcuta), que generó una solidaridad unánime, el cantante se probó ante la adversidad: Los exiliados quemaron sus discos y el artista recibió amenazas.
A la par, otros músicos se ofrecieron a acompañarlo, inspirados por la firmeza con la que Miguel Bosé y Olga Tañón se mantuvieron a su lado.

Y el público cubano asistió a un show en el que desfilaron, entre otros, Juan Fernando Velazco, el italiano Jovanotti, el español Víctor Manuel y los cubanos Orishas, X Alfonso, Amaury Pérez, Silvio Rodríguez, Juan Formell y Los Van Van. El concierto fue visto por unos 500 millones de televidentes en el mundo y fue transmitido tanto por la televisión cubana como por cadenas estadounidenses.

No faltó quien dijera que nada cambió después del show. Sin embargo, las encuestas hechas en Miami, que antes del 20 de septiembre daban como resultado que tres de cuatro cubanos residentes en esa ciudad estaban en contra del concierto, dieron datos contrarios después del mismo. En ellos, se invirtió la proporción: tres de cada cuatro aprobaron que se hubiera realizado.
En Miami se rompió el veto a las presentaciones de artistas residentes en la isla que empezaron a viajar. El mismo Amaury Pérez, acudió a esa ciudad y a su regreso, después de ser asediado por la prensa, volvió a agradecerle a Juanes.

Cuba marcó otro comienzo. Juanes y Bosé siguen trabajando en equipo sobre la base de la credibilidad adquirida. "El triunfo fue haber cambiado la opinión -dice Fernán Martínez, su manager-. Quedó claro que Cuba es un pueblo y no un gobierno"
Un sentimiento de años

El sentimiento de ayuda a la gente en Juanes viene desde muy atrás. "Recuerdo un evento que organizamos en Medellín con unos amigos para recolectar víveres y alimentos para Armero", escribió el cantante vía correo electrónico, evocando un episodio de sus 13 años. Esto floreció después, cuando militaba en la banda de rock Ekhymosis.

La música y el activismo han ido de la mano desde entonces, pasando a campos de acción mayores: desde su Antioquia natal, hasta escenarios mundiales. En sus canciones, pasó de hablar del amor a su país en la canción La Tierra  (de los últimos éxitos de Ekhymosis) al tema de las minas antipersona en Fíjate bien, la canción que le dio título a su álbum debut como solista en el 2001, y a himnos a la paz como Odio por amor, del 2008.
Como activista, en el marco nacional, Juanes tiene su frente de acción en la Fundación Mi Sangre, de ayuda a las víctimas de minas antipersona, con sede en Medellín.

En el 2009, cumplió cuatro Navidades compartiendo momentoscon los soldados heridos en combate.

Internacionalmente, Juanes promovió un concierto en Los Ángeles, a favor de las víctimas y fue histórica su presentación en el Parlamento Europeo. Pero dio pasos de gigante con Paz Sin Fronteras, iniciativa surgida ante la crisis diplomática con Venezuela y Ecuador y cuyo resultado fue el concierto sobre el Puente Simón Bolívar, que marca la frontera de nuestro país con Venezuela, el 16 de marzo del 2008.

Con este y el concierto de La Habana, Juanes reafirmó el título que en el 2004 le dio la revista Time al incluirlo entre las cien personas más influyentes del mundo.

Ya asegurada la tercera edición de Paz Sin Fronteras, posiblemente en la frontera de México y Estados Unidos, Juanes sigue convencido de algo: "Todo valió la pena: la angustia, la crítica, el entendimiento, los verdaderos amigos y enemigos, las caras de la hipocresía, el valor de la familia, el llanto, las noches sin dormir, las amenazas, la rabia, la frustración, el coraje, todo, porque al final más de un millón de cubanos sonrieron y celebraron la vida, la paz y la libertad", afirmó.
 
En el 2010 se espera un nuevo disco suyo, seguramente tendrá el reto de superar récords como los obtenidos con La camisa negra, y tendrá que alternar lo musical con su compromiso como activista ya que, después de sus históricos conciertos, Juanes es un líder latinoamericano de peso.
Publicado el
LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENT

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14.Dic
2009
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Ha roto fronteras de la música en español, y logró que la música se impusiera a la política en su polémico y masivo concierto en Cuba.

Canciones para la paz

Ha roto fronteras de la música en español, y logró que la música se impusiera a la política en su polémico y masivo concierto en Cuba.

Por Pablo Guimón

La del domingo 20 de septiembre de 2009 no sólo fue una tarde especial para Juan Esteban Aristizábal Vázquez (Medellín, Colombia, 1972). Lo fue también para Cuba, y para el mundo de la música en general. Aquella tarde, en la plaza de la Revolución de La Habana, ante cientos de miles de cubanos, Juanes proclamó: “Es tiempo de cambiar el odio por amor”. Atrás quedaban meses de tensiones políticas, amenazas y hasta la destrucción pública de discos por parte del núcleo más intransigente del exilio cubano en Miami (donde reside el artista).

La razón: consideran que cualquier presencia en la isla supone un apoyo al régimen. Pero Juanes, dice, está más interesado en personas que en gobiernos. Y para ellas era este segundo evento de la plataforma Paz sin Fronteras, que en 2008 le llevó a tocar en la frontera entre Colombia, Ecuador y Venezuela, en pleno conflicto diplomático. El proyecto, creado por Juanes y otros músicos como Miguel Bosé, pretende que las legislaciones internacionales reconozcan el derecho fundamental de los individuos a vivir en paz. Y para lograrlo utilizan su única arma: la música. Un arma poderosa en el caso de Juanes, probablemente el que más vende de los artistas que se expresan en español. Alguien que, a base de éxitos planetarios como La camisa negra ha derribado todas las fronteras concebibles para la música cantada en español.

Pablo Guimón es periodista de EL PAÍS. Fotografía de Jordi Socías.

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12.Dic
2009
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El cantante colombiano no sólo rompe fronteras con su música, sino que sigue ganando terreno internacional como líder de causas sociales y promotor de la paz.

No obedece al esterotipo del rockero consumidor de drogas. Desarma cualquier prevención y sin que uno sepa siquiera cómo. 

Alguien dijo, ya no sé quién, que “se desprecia lo que no se conoce”. En el caso de Juanes esta frase me parece más cierta: al que no le guste Juanes es porque no lo conoce. Yo no lo quería, antes de conocerlo, y nunca quise ir a sus conciertos ni aunque fueran gratis; por prejuicios, por celos, por bobadas. Me parecía exagerada su fama, propagandística su filantropía, demasiado simple su música, hechiza su belleza.

En cambio, cuando lo vi por primera vez (no en televisión, no en un concierto, no en la carátula de un CD ni en la portada de una revista), cuando lo traté un instante en la casa de unos amigos, de inmediato me di cuenta de lo equivocado que estaba: en un segundo Juanes te desarma cualquier prevención y sin que uno sepa siquiera cómo, bastan pocos instantes de conversación para derribar cualquier barrera o resistencia y quedar conquistado. Algo así deben de sentir —sin prevenciones— los millones de jóvenes que en el mundo lo quieren, lo cantan, lo bailan y lo aclaman. Las grandes estrellas del pop (como algunos hombres o mujeres de Estado) tienen algo de lo que carecemos el común de los mortales: un magnetismo y un poder de fascinación inmediatos, eso que en otros tiempos se llamaba carisma.

Juanes es un tipo encantador, que destila sencillez y espontaneidad por cada poro, que no se cree más de lo que es (ni menos), que no finge, ni simula, ni disimula: es un monstruo de la música pop contemporánea, una figura conocida y reconocida en todos los continentes, una estrella para propios y ajenos, y sin embargo no ha dejado de ser un sencillo muchacho antioqueño, el hijo menor (entre seis) de un abarrotero de Carolina del Príncipe, un pueblo que, como diría León de Greiff, está “salido del mapa”.

Lo veo por segunda vez para escribir esta nota y nos encontramos en un restaurante típico, cerca de Medellín, Queareparaenamorarte, en La Fe. El nombre del sitio recuerda esas canciones populares de las que se nutre la música de Juanes: “¿Qué haré para enamorar a esa pérfida mujer?”. Por lo que veo en la sesión de fotos que hacemos a la entrada del sitio, la pregunta que Juanes debe hacerse es la contraria: ¿Qué haré para NO enamorar a todas las mujeres? Las de quince, las de veinte, las de treinta, las de sesenta, se le tiran encima, le piden fotos y autógrafos, lo estrechan en abrazos, lo besan, con las pupilas dilatadas, la boca entreabierta, las manos aleteantes, las piernas nerviosas y el pecho erguido. No existe, entre las profesiones modernas, un poder de seducción superior al que tienen los cantantes. Le pregunto a Juanes sobre la manera en que consigue resistir a los encantos de tantas sirenas, pero él, padre reciente de Dante, su tercer hijo, desecha la pregunta: “¿Sabés que yo no me fijo mucho en eso? Ni siquiera me doy cuenta”, me dice, y lo dice con tanta serenidad que le creo: no es el típico cantante seductor que aprovecha toda ocasión de pecar.

Tampoco obedece al estereotipo del rockero consumidor de drogas, ni siquiera en su primer período, cuando era un metalero duro con su grupo de metálica, Ekhymosis. Con una guitarra eléctrica descompuesta (comprada en una prendería por Guayaquil —el barrio de las putas de Medellín—), ensayando en la casa de sus padres, empezó el grupo. La cosa se complicó en quinto de bachillerato, pues por pensar sólo en música perdió cinco materias y el año, en el mismo instituto de donde se graduó el presidente Uribe, el Jorge Robledo. Eran completamente sanos en cuanto a la droga. Lo máximo que consumían eran garrafas de vino dulce barato, comprado en una fabrica que había por El Poblado. “Los que metían droga eran los ejecutivos de chofer y corbata; nosotros nunca, pero los estereotipos dicen otra cosa, por prejuicios tontos contra la ropa negra, el pelo largo o vainas así. Nosotros, en eso, no nos queríamos parecer a Kurt Cobain”.

“Lo que nosotros queríamos expresar era una especie de resistencia musical contra lo que estaba pasando en esos años en Medellín, que era horrible. Eran los años duros de la mafia, a finales de los 80 y principios de los 90: bombas, asesinatos, tiroteos. Para nosotros la música era una manifestación de rabia, de frustración por lo que pasaba, pero también un símbolo de esperanza, una salida del agobio de la violencia. Creo que todavía mi manera de tocar la guitarra tiene algo del metalero que fui. Y conservo esa misma rabia y esa misma esperanza contra la violencia de Colombia”.

Dice que está cambiando; que este ha sido el año más importante de su vida. En primer lugar estuvo el nacimiento de Dante, su primer hijo varón. “Por mis dos niñas siento algo que supera, en amor, todo lo imaginable. Pero el nacimiento de un hombre le hace sentir a uno cosas distintas, más complejas, como enfrentarse con la imagen de sí mismo y de mi papá, al mismo tiempo, como si él hubiera resucitado. Esa experiencia es muy fuerte”.

Después vino el concierto de Cuba, quizá el más importante de su carrera y sin duda el más apoteósico, que le ha cambiado muchas cosas por dentro: “es como si me hubiera sacudido toda la mierda que me cayó encima”.

La idea surgió en España con Miguel Bosé y una asociación española que trabaja por los derechos humanos. Las opciones del concierto de Paz sin Fronteras eran o los límites entre México y Estados Unidos (Ciudad Juárez) o Cuba. “Escogimos Cuba, aunque mi conexión con ese país, que yo no conocía, era una sola: mi amor por la música de Silvio Rodríguez. Fuimos a Cuba a hablar con el ministro de Cultura. Él nos propuso que cantáramos en la tarima antiimperialista. Nosotros tuvimos que explicarle que la idea era otra: un concierto por la paz, sin ideología, sin fronteras en todos los sentidos, incluyente, de los cubanos de la isla y de los de afuera. Yo le pedí la Plaza de la Revolución y el ministro dijo que necesitaba unos días para consultarlo, porque era muy difícil. Después de La Habana nos fuimos para Washington a contar la idea que teníamos: hacer un concierto por la paz en ‘territorio enemigo’”. Necesitaban al Departamento de Estado para que les ayudara con los permisos a otros artistas. “En Washington también dijeron que nos avisaban después, porque no era fácil. A las dos o tres semanas hubo la aprobación de lado y lado, al mismo tiempo; esa fue una primera buena señal a favor de la paz, un gesto de los dos países”.

“Yo quería conocer a Silvio Rodríguez; lo conocí, lo vi dos veces en esa visita. En el Miami Herald colgaron una foto mía con él. Y ahí empezó una guerra mediática violenta, todos los días contra mí y contra el concierto en Cuba. Lo mínimo que me decían era hijueputa e hipócrita. Dejaban mensajes amenazantes en el celular. Salía a la calle con miedo, con miedo por mis niñas: pero en cambio los cubanos de la calle me abrazaban, me decían que no les hiciera caso a los de la radio, la televisión o la prensa. Lo que esa gente decía no estaba conectado para nada con lo que pasaba en la calle. Algunos colegas artistas cubanos también me criticaron y me dieron la espalda. Cuando explotó el escándalo en Miami, todos los artistas que me habían dicho en principio que sí, se quitaron, uno a uno, menos Miguel y Jovannotti. Un político cubano del Partido Republicano me decía: Te lo advierto: tu carrera se va a acabar si haces ese concierto”.

“Fue el concierto más grande de mi vida: más de un millón de personas, bajo un sol tenaz, siete horas de música, casi 40 grados. Y lo mejor fue que todos quedaron contentos: los cubanos del régimen, pero también los del exilio. Todos vieron que no era una manipulación política de ningún lado. Era la música sonando por la paz y la libertad. Lo que sí descubrí fue un lado muy oscuro de la política y de los medios de comunicación: todos intentando manipular a la gente; y la gente simplemente con ganas de gozar con la música. También los empresarios, los sponsor, se fueron quitando uno por uno, y todo lo tuvimos que financiar con fondos propios de los artistas, Miguel y yo sobre todo. Pero no importa, cuando Silvio empezó a cantar Ojalá, yo sentí que un ciclo de mi vida se había cumplido y que había llegado, a los 37 años al sitio más importante de mi carrera, como si se cerrara un círculo desde cuando yo aprendía a sacar en la guitarra, sin saber leer partituras, esa misma canción de Silvio Rodríguez”.

Desde ese concierto, Juanes se cuestiona mucho la idea de la libertad que hay en Occidente: “a veces la libertad es un pretexto para mantener a la gente libre de ser ignorante, libre de ser muy pobre, libre de comprar y comprar bobadas. Allá los fuerzan a estudiar, y eso no está mal: la educación es lo que permite después ejercer la verdadera libertad. Claro que tienen también cosas horribles, pero dónde no”.

Durante el almuerzo hay una dificultad gastronómica: nos traen empanadas rellenas de chorizo y de pierna de cerdo. Juanes se sobresalta: “¿No tendrán otra cosa? ¡Yo no como cerdo!”. Julián Estrada, el dueño de Queareparaenamorarte, le pregunta si no come cerdo por ideología o por remilgo. Juanes lo piensa un momento y dice: “Será por remilgo, pero es un remilgo con historia. No como cerdo, ni loco, desde que estaba pelado, hace como 30 años. Viene de mi infancia en Carolina, cuando hacían la matada del marrano el 31 de diciembre; al amanecer llegaba el marrano y desde el primer momento chillaba, gritaba con miedo. Después entraba el carnicero con el cuchillo de matarife en la mano, terrible, violento. A mí se me volvió un trauma de niño la matada del marrano. Yo veía la cuchillada, oía los chillidos casi humanos, después la quemada, y cómo lo descuartizaban en pedazos llenos de sangre y lo metían a la nevera: la cabeza, las patas, las orejas, la rellena, la morcilla, y yo veía esos pedazos durante semanas invadiendo la nevera, el olor en toda la casa. Me parecía que mi mamá, cuando comía morcilla, estaba comiendo sangre, y yo me tenía que ir para la casa de mi tía. Yo no puedo con eso: desde entonces yo odio la carne de cerdo, detesto el chicharrón, los frisoles con garra... Eso de las marranadas deberían prohibirlo”.

Como Juanes no conoce los mataderos de reses, se come sin problemas tres medallones de solomito; eso sí, bien cocidos, para que la sangre no se vea. Eso me lleva al tema de su Fundación, que lleva el nombre de Mi Sangre. Pero de eso hablaremos después del almuerzo, ya en su bonita casa del Alto de las Palmas, rodeados de árboles nativos y perros suizos, unos perrazos berneses bonachones y dulces como su mismo amo. Le digo que si llegan a criar le compro uno y él dice que si llegan a criar me lo regala. Aquí queda el compromiso, y por escrito. Lástima que Alighieri, el perro macho, al parecer no tiene el más mínimo interés en montar a Aurora, la hembra, ni siquiera cuando está acalorada y le busca el lado. Confiemos en que la madurez lo haga recapacitar, en el próximo celo, y venga una camada de cachorros. Yo creo que los tiene sobrealimentados, le digo a Juanes, y que comen tanto que ya no tienen ganas de nada más; ese es uno de los problemas de la abundancia.

En el bonito estudio semisubterráneo donde Juanes ha compuesto sus últimas canciones (su próximo cd saldrá en septiembre), hablamos de la Fundación y de su música. La que ya hizo y la que viene. Lo primero que se le viene a la cabeza cuando compone es la melodía; le va metiendo ritmo de batería y otros instrumentos con sus sofisticados aparatos. Lo más complejo es ponerle letra a todo eso, pero al fin la canción va saliendo y luego invita a los otros de la banda, para hacer arreglos. Cuenta su método de composición con sencillez, sin alardes. No es magia, es trabajo.

Después hablamos de su compromiso filantrópico y humanitario, a través de la Fundación Mi Sangre, a favor de las víctimas de las minas quiebrapatas, de cualquier edad, de cualquier origen. Hay tantas víctimas en Colombia que la Fundación no da abasto para las labores de educación, para el apoyo que se les da a los mutilados en rehabilitación. Hoy en día los héroes del pop no son sólo cantantes: tienen una función política y social; si no dedican parte de su prestigio, de su dinero y de su esfuerzo en un trabajo por los demás, no son nadie. Y Juanes lo hace con la misma sencillez y eficiencia con la que habla, con la que compone, con la que come y camina.

Cuando le digo que yo no lo conozco en absoluto, que no soy un experto en su música ni en nada de lo que hace, y que no sé cómo haré para escribir su “retrato hablado”, me mira a los ojos, sonríe, y me pregunta con su misma sencillez desarmante de todo momento:

 “¿Te cuento mi vida o qué?”. Y empieza: “Mis papás, Javier Aristizábal y Alicia Vásquez, eran, cómo se dice…, eh, de clase baja, pues, pero mi papá fue un tipo muy trabajador y disciplinado desde cuando tenía 15 años; mi papá fue ganadero, pero no tenía tierra, yo no sé cómo hacía…”. Y así sigue, contando con sencillez los hilos de la infancia que tal vez expliquen al hombre de hoy. Pero yo ya no lo oigo: su vida, sus canciones, sus conciertos, están en Wikipedia o en la red. Yo solamente digo que me encontré, sin buscarlo y sin quererlo, con un tipo bueno, con un ser humano encantador, con alguien a quien el éxito y la fama no se le han subido a la cabeza. Ojalá Juanes, siempre, siga siendo como es. Él ni siquiera sabe dónde está su secreto. Ojalá no lo averigüe nunca, porque el secreto de la bondad es ese: que no debe saberse de dónde sale, de qué depende ni dónde está. Termino como terminan los adolescentes sus cartas: Juanes nc, es decir, Juanes, no cambies.

  • HECTOR ABAD FACIOLINCE* Escritor y Columnista de El Espectador | Elespectador.com

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